¿QUÉ ES LO QUE EL NUEVO TESTAMENTO ENSEÑA ACERCA DE LA LEY Y LA GRACIA?
• Publicado por Eyra Lezcano de Abadía el agosto 3, 2010
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¿Qué es lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de la LEY Y LA GRACIA?
¿Cuál es el significado de la gracia? ¿Acaso esta anula—“elimina”—la ley? ¿Es la gracia una “licencia” para pecar? ¿Decir “no bajo la ley” significa que la gracia la ha
reemplazado—y elimina cualquier necesidad al cristiano de producir buenas
obras? ¿Qué enseñaron Cristo y Sus apóstoles? ¿VERDADERAMENTE qué dice la
Biblia?
¿Cuál es la enseñanza del Nuevo Testamento en la “ley y la gracia”? ¿O es una o la otra—ley contra gracia—o las dos—ley y gracia? Este es un tema de gran controversia, dejando a muchos confundidos. Esto no debe ser
así. ¡Aquí está la clara enseñanza de la Biblia!
El significado de la gracia en el Nuevo Testamento no tiene nada que ver con abolir las leyes de Dios. Falsos maestros que promocionan la
“gracia” sobre
la obediencia están inconsciente que el Nuevo Testamento fue escrito
para
aquellos que Dios llama para asumir posiciones de gran responsabilidad en Su
reino. Estos falsos maestros mal entienden porque Dios ni les ha abierto las
mentes o dado de Su Espíritu Santo, lo cual es necesario para comprender Su
verdad.
El llamamiento Cristiano (Rom. 8:29-30) es basado en la gracia—perdón inmerecido de los pecados pasados y perdón cuando hay arrepentimiento genuino. Los Cristianos entienden que la propia salvación
ofrecida a ellos es una dádiva, y que ellos deben de continuar viviendo
una vida de obediencia (Hechos 5:32, Juan 14:15) y venciendo.
La Ley en Perspectiva
Muchos religiosos reclaman que la ley de Dios fue abolida por el sacrificio de Jesucristo. Ellos piensan que la humanidad ya no está bajo la carga del
severo requisito de esa “ley dura” que interfiere en sus caminos de
libertad—“para divertirse.” Pero el Apóstol Pablo escribió, en Romanos 7:7,
“¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el
pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no
dijera: No codiciarás.” La mayoría de los asistentes de iglesias han
tradicionalmente condenado la ley mientras que absuelven el pecado. Sin
embargo, no es la ley la que tiene faltas, sino el pecado. Por
nosotros mismos, no podemos descubrir la ley perfecta de Dios. Dios tiene que revelárnosla
y enseñárnosla.
Los líderes de los que profesan el Cristianismo insisten que la ley espiritual de Dios—los Diez Mandamientos—están abolidos. Ellos le
llaman la
“ley de Moisés, ”reclamando que fue abolida por el sacrificio de
Cristo. Pero
ellos no conocen la diferencia entre los sacrificios rituales Levíticos, la ley
de Moisés y la ley de Dios.
Los Diez Mandamientos no fueron llamados la ley de Moisés, sino la ley de Dios. La ley de Moisés consistía de: (1) las leyes civiles—los estatutos y juicios que Moisés le divulgó al pueblo enviado por Dios, grabados en Éxodos
21-23 y los restantes libros de la Ley—y (2) las leyes rituales (del Griego: ergon)
añadido más tarde, resumidos en Hebreos 9:10. Estas ordenanzas regularon los
sacrificios Levíticos (Lev. 1-7) y las funciones relacionadas. Ergon
significa “obras, ”como en las “obras de la ley” (Gal. 2:16). Esto se refiere a
la labor que involucra los rituales Levíticos abolidos por el sacrificio de
Cristo.
Los Diez Mandamientos nunca fueron parte de la ley de Moisés o del sistema Levitico de sacrificios. Las leyes civiles y sacrificios fueron basados
en los
Mandamientos de Dios, que constituyen el corazón de la ley de Dios.
Así, los
Diez Mandamientos preceden y están por encima de las leyes menores que están
basadas en ellas—estatutos, juicios, preceptos y ordenanzas. La mayoría de los
que profesan el Cristianismo falsamente marcan a los Diez Mandamientos como el
“Pacto Antiguo.” Sin embargo, el Pacto Antiguo fue basado en los Diez
Mandamientos, que precedieron y trascendieron el Pacto Antiguo.
Considere esta analogía: La idea promocionada por la mayoría de los que profesan ser Cristianos—que la ley espiritual de Dios, los Diez Mandamientos,
han sido abolidos—es tan ridículo como decir que la ley física de la
gravedad y
la inercia ya no son esforzadas. Los teólogos no pueden negar las leyes de Dios
menos a como los científicos no pueden anular las leyes de la gravedad y la
inercia.
¿Cómo vieron las leyes de Dios los líderes del Nuevo Testamento? Pablo escribió, “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Rom. 7:12). El Apóstol Juan escribió, “Pues este es
el amor de Dios, que guardemos Sus mandamientos; y Sus mandamientos no
son gravosos” (I Juan 5:3). Y Cristo hizo un resumen del caso, diciendo,
“…mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mat.
19:17).
En Mateo 7:21, El también dijo, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, ¡sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos”!
Cristo y los apóstoles no descartaron la ley de Dios. El Cristianismo falsificado tomó este paso drástico en el primer siglo—y el mundo lo ha
seguido
ciegamente desde entonces.
La “Gracia” del Falso Cristianismo
Examinemos la enseñanza de la gracia del Cristianismo tradicional. Esta enseña que el Pacto Antiguo eran los Diez Mandamientos. Esta mantiene que Cristo
vino
a establecer un “nuevo pacto” que solo contenían gracia y
promesas—libertad de
hacer lo que todos quieran hacer. La ley no está incluida en sus paquetes. En
sus propias mentes, estos religiosos creativos han diseñado una forma de “tener
un buen tiempo” y tener la conciencia limpia. Ellos tenían que eliminar la
fuente de un constante sentido de culpabilidad. La solución fue simple:
“Solamente la Gracia ‘salva’ a los hombres. La carga de mantener los
mandamientos ya no son necesarios.”
Esta enseñanza diabólica lo guiaría a usted a creer que la ley de Dios es dura y cruel. Eso proclama que la falta del Pacto Antiguo estaba en la ley,
y como Dios dio la ley, el error fue cometido por El. Lea lo que Cristo
le dice a los que siguen este falso precepto: “Pues en vano Me honran,
enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el
mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres…Bien invalidáis
el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos
7:7-9).
Nótese el aviso que Dios inspiró en el libro de Judas: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me
ha sido
necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la
fe que ha
sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado
encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta
condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia
de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor
Jesucristo” (Judas 3-4).
Antes de que el Nuevo Testamento fuera completamente escrito, hombres impíos habían entrado dentro de la Iglesia con la intención de corromperla por
medio de convertir la gracia en lascivia. Este fue precisamente
el falso evangelio enseñado por Simón el Mago, Nicolás de Samaria, Cerinto y
otros “fundadores” del Cristianismo falsificado.
Lascivia significa “licencia para pecar.” También puede ser definido como “libertad sin restricción” o “abuso del privilegio.” En esencia, esto quiere decir licencia
para hacer lo que está bien delante de nuestros propios ojos, de acuerdo a
nuestras propias conciencias.
En la misma forma como Simón el Mago (Hechos 8:9-24) y otros que convirtieron la gracia de Dios en una licencia para desobedecer Sus
leyes, esta misma
actitud se impregnó en las mentes de la mayoría de los que profesan ser
Cristianos hoy día.
El mensaje universal de la mayoría de los púlpitos falsamente de dicen a las personas que Cristo vino a abolir las leyes de Su Padre—pero su
Biblia dice
diferente. Nadie podrá nacer en el reino de Dios a no ser que se someta
completamente a la autoridad de Dios.
Gracia—La Verdadera Definición
El Nuevo Diccionario de Webster’s Colegial define la gracia como “favor, bondad y misericordia.” El uso eclesiástico lo define como “divina misericordia y perdón.” Nada es mencionado que la gracia sea licencia para
desobedecer las leyes de Dios. Estar “bajo la gracia” significa que se nos ha
otorgado misericordia y perdón por resultado de un
arrepentimiento sincero y resolución a obedecer a Dios.
Esto es explicado adicionalmente en Romanos 6:14-15: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros: pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo
la gracia? En ninguna manera.” Muchos mal entienden el concepto de “bajo
la ley, ”que quiere decir bajo la penalidad de la ley. Nótese Gálatas
5:18: “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.” Usted está
bajo la penalidad de la ley si usted la viola como una forma de vivir.
Pero una persona guiada por el Espíritu procurará mantener esa ley. Cuando el ocasionalmente peque, el se arrepiente y es perdonado (I Juan
1:8-19). Por
virtud de la obediencia y la gracia, el no está bajo la penalidad de la
ley.
Cuando un individuo trata de obedecer a Dios y estar bajo el “manto” de la gracia, la sangre de Cristo justifica, o perdona, todas las
transgresiones del
pasado. El arrepentimiento le demuestra a Dios la dirección que el
Cristiano a
decidido tomar desde ese momento en adelante. Estando bien con Dios por Su
misericordia y perdón, un Cristiano se embarca en un nuevo curso en su vida—el
es SALVO por la VIDA de Cristo, ¡no por Su muerte!
¡Considere! Solamente si Cristo resucitó de los muertos puede Su Espíritu guiar y fortalecer al nuevo converso, porque es el Espíritu Santo el que guía a
los cristianos. Pablo escribió, “Porque todos los que son guiados por el
Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14).
Esto quiere decir que Cristo, como nuestro viviente, activo Sumo Sacerdote en los cielos, le envía el Espíritu Santo a todos los que El Padre
llama y
engendra. Como Sumo Sacerdote, Cristo es nuestro Mediador viviente y
Abogado, que
nos observa en la vida como tratamos de vencer y perdurar hasta el final. El
hecho de que Cristo está vivo le permite a Él a funcionar como un Abogado para
los Cristianos. En esta forma, somos salvos por Su vida. El arrepentimiento es
un estado de mente continuo. Así, de este modo, el perdón también es continuo.
También, es el Espíritu del Cristo vivo en los Cristianos que los cambiará en
la resurrección (Rom. 8:14-17), para que puedan recibir la vida eterna.
Romanos 6:23 explica que la paga del pecado es muerte. En el arrepentimiento, bautizo y conversión, un cristiano es perdonado por la sangre
de Cristo e inmediatamente salvo de la penalidad de los pecados
ANTERIORES. Así, que en un sentido, la persona ha sido “salvada” en ese
momento, de la muerte.
Hay otras dos aplicaciones de cuándo y cómo una persona es salva. La palabra salvación es derivada de la palabra salvo. Entonces la segunda manera es la más obvia—salvación en la resurrección al regreso de Cristo
(I Cor. 15:50-55; I Tesa. 4:13-18).
La tercera forma en que uno es salvo es que uno “está siendo salvado.” Nadie recibe salvación en esta vida sin primero pasar por muchas
pruebas,
lecciones, aprender, crecer y vencer. La salvación es un proceso en desarrollo—a
través de la vida personal.
Note lo que Pablo escribió en Romanos 5: “Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por El seremos salvo de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más,
estando reconciliados, seremos salvo por Su vida” (vs. 9-10).
La salvación es un resultado de la gracia—perdón inmerecido. El llamado a, y la dádiva del arrepentimiento no se ganan por obras. La gracia de
Dios no se
gana por obras. Todo lo que los seres humanos se han ganado es la
muerte. El
estar bajo la gracia no significa que ya hemos logrado la salvación. Eso
quiere decir que se nos ha dado perdón inmerecido y que estamos en el proceso
de vencer y perdurar. Aquellos que duren hasta el final de esta existencia física
son salvos—salvados de la muerte eterna. Nadie puede presumir que ha logrado la
salvación en esta vida. “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”
(Mat. 24:13). Habiendo perdurado y vencido quiere decir que uno ha “calificado.”
También quiere decir que uno puede descalificarse uno mismo cuando fracasa en
durar y vencer. Sin embargo, el llamamiento, la justificación—esta
gracia es una dádiva. La salvación es un resultado de la gracia de Dios.
La falsa idea de que “una vez que estamos bajo la gracia, ya estamos salvos” no es fundada en las escrituras. La gracia es la voluntad de
Dios de
perdonar los pecados del pasado, como son resumidos en Efesios 1:7: “…en
quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas
de Su gracia.”
Ahora examine una importante escritura: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por
obras, para
que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). La fe “no de vosotros, ”
instrumental en
la salvación, no es su propia fe humana. Es el don de Dios—la fe de
Cristo en nosotros (Gal. 2:20). Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, nos
mira y observa nuestra sinceridad y esfuerzo, y nos imparte Su fe a nosotros
por Su gracia—favor divino y misericordia. Aquellos que reciben esta fe no
tienen razón de gloriarse de sus obras.
Note lo siguiente:”…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad” (Fili. 2:13). Dios les provee a
los cristianos
la FUERZA DE VOLUNTAD, FE DE CRISTO y MOTIVACIÓN para hacer Su buena
voluntad.
Dios el Padre y Jesucristo han hecho lo máximo para darnos la gracia—favor y
misericordia divina—para ayudar a los Cristianos a triunfar en sus
llamamientos. ¡Pero Ellos esperan resultados! Ese es el mensaje del versículo
10: “Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”
¡Que clara es la Biblia cuando la dejamos que se interprete ella misma! Es una ironía
que la mayoría que se profesan ser cristianos paran en este punto y no ven el
propio corazón de la declaración de Pablo.
El verdadero tema aquí no son la gracia ni las obras. Ni tampoco está la gracia OPUESTA A las obras. Ni está la gracia EN LUGAR DE las obras. Es
simplemente así: Gracia SEGUIDA POR obras.
Aquí están unos importantes dones y herramientas que Dios nos da en nuestra búsqueda del triunfo y el vencimiento:
• Gracia—justificación y perdón.
• Gracia—el favor y la misericordia que Dios nos da.
• La fe de Cristo en nosotros.
• El Espíritu de Dios, por el cual recibimos la fuerza de voluntad y motivación para seguir adelante.
Dios le extiende la gracia y ayuda a Su pueblo, pero El espera que crezcamos en buenas obras, andando en ellas como una forma de vida. La ley de Dios es el estándar o punto de referencia que dirige el camino de los
verdaderos cristianos. Manteniéndolas desarrolla carácter. Haciendo estas cosas
le demuestra a Dios que la gracia que El nos ha extendido no es en vano.
Si nosotros seguimos la gracia de Dios con obras, la descripción de Cristo de aquellos que se elevarán en la primera resurrección puede aplicar a
nosotros: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los
mandamientos de Dios, Y LA FE DE JESUS” (Apo. 14:12).
Que la paz y el amor de Dios sea con todos vosotros
Hna. Eyra.
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