martes, 22 de diciembre de 2015

JONÁS: El profeta renuente



Por Carlos Herrera (Ya'aqov Ben Tzyion)

La escritura comienza diciendo que Jonás era un Hebreo, y su padre era Amití אֲמִתַּי Cuyo significado es "Mi verdad". La escritura tiene muchas particularidades que usualmente pasamos por alto. Una de estas particularidades se asienta en el significado específico de las palabras, su ubicación en el texto, nos dan pistas sobre un significado más profundo del puramente literal.

Qué es esto. La escritura inicia aclarando que Jonás, no era cualquier persona, es decir: Jonás era un Hebreo, dando a entender Quién es el Dios de Jonás, y declara, subjetivamente: "Mi Padre es mi verdad". 

Dios había otorgado a Jonás una capacidad que muy pocos han conocido. Dios le hablaba tangiblemente, Una condición que, como vemos más adelante, no le fue dada a Jonás por mérito propio, o por su equidad. Simplemente, porque Dios usó a Jonás como su emisario. 

Enviado por Dios por primera ocasión a llevar un mensaje a la ciudad de Nínive, donde Dios les anunciaba su determinación de destruirla si no dejaban su mal camino. Jonás renuente, decide marchar en dirección opuesta. La desobediencia de Jonás le acarreó una lección de parte de Dios, que es ampliamente conocida. 

No obstante, Jonás no abandonó su renuencia a la orden de Dios de llevar el mensaje. Qué pasaba por la mente y el corazón de este profeta reacio. La historia nos cuenta que Jonás, sabedor de que Dios es Justo, pero también Misericordioso, no deseaba que la perversa ciudad de Nínive alcanzara la salvación del juicio de Dios. Si sus habitantes escuchaban el mensaje y se arrepentían, su arrepentimiento agradaría a Dios, y encontrarían gracia delante de él. Algo que desagradó a Jonás de principio a fin. El quería que la ira de Dios cayera sobre tan abominable gente. ¿Sería esto la demostración de su celo por Dios, o en realidad reflejaba la intransigencia y deseos de venganza de Jonás?

Sea como fuere, finalmente Jonás no se opuso a la segunda orden de Dios, y llegó a Nínive proclamando que el Juicio de Dios vendría sobre la ciudad en un plazo previsto, a menos que la gente de Nínive hiciera luto por sus pecados y se arrepintiera, dejando sus malos caminos. Los cuales por cierto, no se detalla en la escritura en qué consistían. Desde el rey hasta el último de los pobladores, se arrepintieron, y Dios detuvo su justicia, con lo cual la ciudad se salvó.

El relato nos asegura que Jonás se enfadó sobremanera porque Dios había sido misericordioso con Nínive, tanto que se fue a un lugar aislado a invocar la muerte, algo que le parecía menos insoportable que mirar a una ciudad entera rendida a la soberanía de Dios. Fue y se echó en descampado bajo el rayo del sol. Dios al mirar esto, hizo brotar una enramada que cubriera la cabeza de Jonás para librarlo del sol. Poco después, Dios hizo que la enramada fresca, se secara. Cuando Jonás se lamentó porque la planta se secó y nuevamente el rayo del sol le quemaba, Dios le dice: "Tú lamentas y te apiadas por esta planta que tú ni sembraste, por qué yo no iba a lamentar la muerte de los 120,000 que viven en Nínive".

Qué podemos aprender de la historia de Jonás. Que nuestra condición natural no nos hace más rectos o justos que otros. En el caso de Jonás hasta el nombre de su padre era profético: "Mi verdad", Era un Hebreo, condición privilegiada por ser heredero de las promesas. Sin embargo, era un hombre rebelde a Dios mismo, renuente a obedecer su voluntad. Iracundo que escudado en su celo por Dios, ocultaba para sí mismo la verdadera causa de su renuencia a la posibilidad de que Nínive se salvara del juicio de Dios. Esa renuencia se originaba del desprecio que Jonás tenía por esa gente vil y pecadora. En el fondo de su corazón Jonás quería ser testigo de la Ira de Dios desencadenada sobre aquellos 120,000 miserables. La reticencia de Jonás se debía a que Nínive alcanzaría la misericordia de Dios, hallando gracia delante de El, y sus pecados serían quitados en cuanto Nínive mostrara su arrepentimiento dejando sus malos hábitos. 

¿Cuántos hombres como Jonás, conocemos hoy? Que son "celosos" de "su verdad", soberbios por sentir que vienen de un linaje escogido, o porque dicen: "Mi padre es mi verdad". Duros jueces con los pecadores, se solazan echando en la cara el oprobio de su pecado, y ocultándoles la posibilidad de perdón y remisión de pecado, SIMPLEMENTE mostrando un legítimo arrepentimiento, es decir: dolor por haber pecado, y propósito de un cambio radical de conductas. ¿Cuántos Jonás, conocemos? que lo que en el fondo de su corazón desean, ES QUE LA IRA DE DIOS DESCIENDA SOBRE LOS ABOMINABLES PECADORES. Sin detenerse a pensar que la rebelión a la voluntad de Dios, ES EL PECADO MÁS ANTIGUO DE TODOS. 

יעקב בן ציון


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