Por Carlos Herrera (Ya'aqov Ben Tzyion)
Recapitulando de la
primera parte de este tema, podemos considerar:
- Las primeras menciones de la palabra diezmo son anteriores a la entrega de la Torah, y su importancia estriba en que nos indican que por principio el diezmo debe ser una señal de la gratitud del creyente, en reconocimiento que todo logro y favor procede de El Dios Eterno.
- Que en la Torah (Levítico 27, y Deuteronomio 14 se encuentra definido y reglamentado cómo diezmar.
- Si un creyente en Jesús afirma que la Torah quedó sin efecto, por consecuencia el diezmo que forma parte de la Torah debería estar sin efecto para el creyente en Jesús. Pues si como afirman ellos, Jesús dejó sin efecto la Ley, obviamente todos los preceptos, decretos y mandamientos de esta carecen de sentido para ellos.
- Por consecuencia, toda solicitud de diezmo por parte de las congregaciones Cristianas, serían un contrasentido.
Ahora bien, al
margen de las controversias respecto de la vigencia de la Torah, los preceptos
y prescripciones del diezmo, llevan el principio moral de evitar que el hombre
de fe, sea un tacaño egoísta. Por lo que se refiere a qué se diezmaba, eran
productos agrícolas y ganados. Se especifica cuándo diezmar y dónde, y se
consigna que en caso de tener que caminar una distancia larga, el producto del
diezmo podía ser vendido para luego poder comprar con ese mismo dinero lo que
habría de ser presentado. Se deja en claro quienes son los beneficiarios del
diezmo. Y por último, está la petición de parte de Dio, de no olvidar al
levita, por la sencilla razón que la tribu de Leví no recibió tierras para
cultivo ni para criar ganados, ya que los levitas habían sido apartados para el
servicio a Dio, para ocuparse de los enseres del Ohel Mo'ed (la tienda de
reunión en el desierto) primero, y del servicio del Beit HaMikdash (Templo en
Jerusalén), y por tanto, carecían de medios propios para sustentar sus necesidades.
Pero de ninguna forma, eran los únicos beneficiarios del diezmo.
En las comunidades
cristianas evangélicas, no solo se recauda el diezmo, sino también se levantan
diversas contribuciones a las que se les da distintos nombres, tales como
"ofrenda de amor", "ofrenda de misericordia", "ofrenda
para la construcción", "ofrenda de fe", "ofrenda
silenciosa" y cualquier otro nombre que pueda inventarse. Todo lo cual,
podría salir del diezmo mismo, si en todo caso, el diezmo no fuera destinado en
principio, para el pastor. Por supuesto que el pastor también diezma, para
entregarlo a su obispo, y este a quien esté sobre él en una estructura
jerárquica piramidal. Resulta obvio que en nuestros tiempos, es más sencillo
levantar un diezmo en dinero que en especie, dada la actividad económica de la
mayoría de las personas, así que no diré que es una desviación el diezmar en
monedas o billetes. Por otra parte, es verdad que el obrero es digno de su
salario. Lo que no es digno, es que el obrero recurra a exageraciones,
tergiversaciones, chantaje y manipulación emocional, y todo tipo de amenazas
para esquilmar al rebaño. Tampoco es lícito que el obrero haga usufructo de su
labor. Esto es, que existan "obreros" de la palabra que se
enriquezcan exageradamente, incurran en el exceso de adquirir aviones,
automóviles de lujo, casas opulentas, vestuarios suntuarios, y tantas otras
cosas como se hacen evidentes, a costas de esquilmar y desviar el diezmo.
Valerse de que Dio estableció el diezmo, mientras que anulan el resto de la
Torah, más allá de ser inmoral, viene a ser causa de confusión para un pueblo
creyente que se hunde sin el marco de conducta moral que está asentado en la
Torah, (porque esta fue anulada por Jesús), mientras que se valen de la ley del
diezmo para quedárselo para su beneficio personal. Y aumentando las cargas para
sufragar otras necesidades de la Iglesia, extrayéndolas bajo el término de
"ofrendas".
Finalmente, han
enseñado que el diezmo sigue vigente, sin enseñar tendenciosa y perversamente
cual es el propósito de Dio al haber establecido el diezmo, y cómo prescribió
Dio que fuera destinado.

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