lunes, 19 de abril de 2010

El espíritu inmundo que vuelve




Por: Hna. Eyra Lezcano

La palabra "espíritu", del latín «spiritus», literalmente significa: soplo, aire finísimo, hálito, aliento, olor). Satanás es un espíritu finito, trabaja con varios espíritus malignos o inmundos, demonios estos dispersados por varios lugares del mundo. La Palabra de Dios nos advierte muy seriamente contra el enemigo de nuestra alma (Satanás) y confirma que no debemos tratar ligeramente con estos demonios.

También nos dice la bendita y Santa Palabra de Dios, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: "43Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va por lugares áridos, buscando descanso sin encontrarlo. 44Entonces dice: "Volveré a la casa de donde salí." Cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. 45Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él, y entran a vivir allí. Así que el estado postrero de aquella persona resulta peor que el primero. Así le pasará también a esta generación malvada" (Mateo 12:43-45)

Y sigue diciendo Jehová: "Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer" (1 Corintios 10:12. Nueva Versión Internacional).

Amados hermanos, hermanas, y amigos que lean estos escritos, ¡Tengan mucho cuidado! La palabra de Dios es muy clara y nos advierte del peligro de estos seres espirituales de maldad que nos asechan y que se posesionan de nuestras mentes, de nuestros corazones, de nuestras almas cuando no obedecemos, cuando ya la palabra de Dios no tiene cabida en nuestras vidas, cuando rechazamos a nuestro Salvador, pisoteando una y otra vez su Preciosa Sangre.

Cuantas veces la Palabra del Señor es mal interpretada y acomodada a nuestra conveniencia. El cristiano que está firme debe andar con cuidado para no caer; qué significa esto, que tiene que estar consciente de que como oveja al matadero llegará si no obedece a la palabra, que su caminar cristiano cuelga de un delgado hilo, de una invisible línea divisoria entre lo bueno y lo malo, entre la misericordia y la maldad, entre lo que le agrada al Señor y lo que le agrada al dios de este mundo. La Palabra del Señor nos dice: "Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe..." (1 Pedro 5:8, 9 a. Nueva Versión Internacional).

El corazón de aquel que ama al Señor, está limpio, en él mora la misericordia, la bondad, la mansedumbre, el fruto del Espíritu Santo; ese corazón sólo vive para el Señor, su actuar y caminar van conforme a la Palabra de Dios, su hablar es santo, no corrupto, es un corazón noble, sensible, misericordioso, que ama la verdad, en él no hay engaños ni mentiras, busca ávidamente el alimento espiritual que sólo lo da el Señor Jesús, presta sus oídos solamente a lo que edifica y engrandece y da la gloria y la honra sólo a Dios; pero hay una condición que como el cáncer, nace diminutamente, imperceptiblemente, un pequeño tumor maligno, que va invadiendo un corazón, metástasis que va carcomiendo la parte sana de ese corazón, destruyéndola a medida que va avanzando, hasta convertirlo en una masa deforme, putrefacta, que emana un olor nauseabundo, desagradable al olfato, al tacto, a la vista.

Hermanos, asimismo es el corazón de aquel que ha permitido, y digo permitido porque el Espíritu Santo ha redargüido en la mente y en el corazón, advirtiendo una y otra vez, no importándole los desprecios hasta que por fin es rechazado, entonces el corazón de ese cristiano que una vez estuvo limpio, hace lo que la palabra de Dios nos dice, "abre puertas, hendijas, aberturas" y regresa en él aquel espíritu inmundo que una vez habitó, acompañado de siete espíritus más malvados que él, que carcomerán y envenenarán esa alma, ese corazón, produciéndose en el cristiano un estado peor que el primero.

Los espíritus del mal son aquellos que buscan destruir o entorpecer la obra de Dios a través del ser humano, que es el ser que más fácil pueden corromper y causar gran disgusto a Dios por ello. En esas condiciones, ya el Espíritu de Dios es contristado, atado; esa alma da rienda suelta a su propia concupiscencia y derrama sólo la maldad, su corazón se ha endurecido, ha recorrido paso por paso el proceso que dio a luz el pecado, y su estado es peor que el primero.

Amados, la Palabra de Dios nos dice que "el que sembrare iniquidad, iniquidad segará, y la vara de su insolencia se quebrará" (Proverbios 22:8); También nos dice en Mateo 12: 35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. 36 Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, 37porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. Y nos sigue diciendo: Jehová que escudriña las mentes y los corazones, dará a cada uno según sus obras. (Apocalipsis 2:23)

Si amamos a Dios y su verdad, aunque los caminos del Señor nos parezcan hostiles, duros, dejemos que la verdad pura de la palabra de Dios penetre profundamente en nuestras mentes y corazones, para que podamos verdaderamente arrepentirnos y deshacer el cáncer que carcome hasta nuestros huesos, no neguemos a Jesucristo, no permitamos que seamos endurecidos en nuestro propio engaño, que no se halle en nuestro corazón incredulidad la cual nos aparta de los caminos del Señor, oigamos la voz del Señor Jesucristo, busquemos un genuino arrepentimiento, porque Dios destruirá a todos los pecadores que no oigan su palabra y menosprecian a su Santo Espíritu.

Dios, en su abundante misericordia, no ejecuta su juicio inmediatamente sobre los pecadores, pero siempre da una advertencia antes del venidero castigo y le permite un tiempo para arrepentirse. Él misericordiosamente detiene su juicio cuando Él ve los frutos del arrepentimiento, pero su ira cae sobre aquellos que rehúsan arrepentirse.

Amados, ármese con la Espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17), defiéndase de los ataques de Satanás, no permita hermano que su alma sea llena de ignominias, falsedades, hipocresías con el Señor y con sus hermanos, deshágase de esos espíritus inmundos que hoy habitan en su corazón, limpiándolo con la Palabra, que su vivir sea sólo Cristo, su hablar sea Cristo, su pensar, su andar, y déle la gloria y la honra al Todopoderoso, al Misericordioso, al Dios de Amor y a su Unigénito Hijo Jesucristo, y al que hoy habita con nosotros, su Espíritu Santo. Hermanos, la Palabra de Dios nos dice en Filipenses 4:13 "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece",

Amados hermanos, Dios no es un dios de mentiras, levántese hermano, pida ayuda, busque, porque encontrará, y ame sobre todas las cosas al Creador, nuestro Padre Celestial, créale, y en su postrer estado con el Señor Jesucristo, lo glorificará y lo honrará. Amén.

Que Dios me los siga bendiciendo rica y grandemente y que los llene de su paz, la cual sobrepasa todo entendimiento.













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