miércoles, 7 de abril de 2010

ב "No tendrás otros [elohim] dioses delante de mí. Shemot/Éxodo 20:3


ב "No tendrás otros [elohim] dioses delante de mí. 4 No te harás para ti imagen tallada de ningún tipo de representación de ninguna cosa arriba en el cielo, debajo en la tierra o en el agua debajo de la línea de la orilla. 5 No te inclinarás a ellas ni las servirás; Porque Yo, IHVH tu Elohim, soy un Elohim celoso, castigando a los hijos por los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me odian, 6 pero exhibiendo misericordia hasta la milésima generación de aquellos que me aman y obedecen mis mitzvot [es decir mandamientos]." Shemot/Éxodo 20:3-6

"No tendrás otros [elohim] dioses delante de mí.”

¿El Hijo, se autoproclamó D-i-o-s? ¿No fue siempre su declaración dar la gloria y la honra y la autoridad al Padre? ¿Tenemos como hombres la capacidad de discernir de manera infalible acerca de la Naturaleza de IAHWEH? ¿Podemos aceptar la trinidad soportada en una filosofía humana? ¿Qué nombre personal le corresponde al Espíritu Santo? ¿Podemos aceptar sin tener necesidad de torcer la Escritura y convertir el monoteísmo expresado en el Shema, en un henoteísmo diteísta donde hablamos de un IAHVEH Mayor (El Padre) y un IAHWEH Menor subordinado (El Hijo)? Por otra parte, ¿Podríamos negar lo que la Escritura dice del Hijo?: “en Él habita la plenitud de la deidad” con tal de negar su naturaleza divina y su preexistencia? ¿De qué manera podemos conciliar Deuteronomio 6:4 con 1ª Timoteo 3:16, sin ceder a la tentación de tergiversar la Escritura? ¿Podemos ignorar que al revelarse el Trono de IAHVEH la palabra menciona al Anciano de Días, y al Cordero que fue inmolado, pero no hay una persona de la cual se diga “este es el trono del Espíritu Santo”…? Para responder a esta interrogante, ¿Estaremos conformes con transgredir el Mandamiento comparando la grandeza del Creador con la imagen de una criatura, en este caso: una paloma? Al prevalecer en nuestras ancestrales figuras arquetípicas, ¿No estamos desobedeciendo a IHVH? ¿Sucede acaso que no estamos hablando del Mismo D-i-o-s de Avraham, de Itzjak y de Iacov? ¿Será acaso que el D-i-o-s que nos mostró el Mashiaj, es un dios diferente? Y, si así lo fuera: ¿Estaríamos o no violando el Mandamiento al tener otro dios delante de nosotros, adorándole y sirviéndole? (Y no me refiero a si es lícito rendirle gloria honra y honor a El Hijo, porque el Padre mismo decretó que se adore al Hijo) ¿Acaso HaMashiaj YAHSHÚA, nos mostró el rostro de “otro dios” distinto del D-i-o-s hebreo? Al Cual, a su vez YAHSHÚA llamó: Abba y Elohai esto es “Padre entrañable” y… “Mi Dios”.
De todo lo anterior, podemos sacar en claro lo siguiente: La Trinidad como se gestó en el cristianismo del siglo segundo de la era después de Mashiaj, es una enseñanza derivada de una filosofía, mas no, de la correcta interpretación de la Escritura. Por otra parte; en otras teologías y cosmogonías (todas ellas paganas) la trinidad siempre ha encubierto una enseñanza diabólica. Así: Horus-Isis-Osiris, Nimrud-Semiramis-Tamuz -por citar solamente dos ejemplos- han sido siempre parte del engaño que Satán ha puesto en boga en distintas culturas y épocas para trastornar la fe, y confundir al creyente. Claro que el creyente cristiano común que sale huyendo del catolicismo, admite la enseñanza trinitaria sin cuestionamientos, en razón de haberla adquirido desde su origen católico, y por desgracia, no es reorientado durante su formación evangélica. Parte por responsabilidad personal, y parte porque el cristianismo evangélico hereda dicha doctrina desde los días de la Reforma luterana, el engaño trinitario ha pasado de generación a generación, sin causar la menor incomodidad ni a ministros ni a neófitos, quienes solamente se han dedicado a abundar en la desmitificación de María, y presentar un frente común anti-mariano, contra la Iglesia Católica Romana.
Ahora bien, Si YAHWEH [IHVH, o IAHVEH] dice claramente que Él es ELOHIM (D-i-o-s en plural), y en otra parte dice: que “creó Elohim (Elohim Barah en hebreo) Cielos y tierra”; y en otra parte dice Juan, refiriéndose al Verbo de D-i-o-s: “Todas las cosas por medio de El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho hubiera sido hecho.”, y también dice la Escritura: “y el Ruáj (Espíritu de IAHWEH Elohím) merajefet (se movía sobrevolando) sobre la faz de las aguas”. En otra parte dice la Escritura: “D-i-o-s es espíritu…” Así que no hay trinidad visible en la creación.
Pero si IAHWEH Elohim no es una trinidad, entonces, la pregunta que sigue es: ¿IHAWEH, y YAHSHÚA son el mismo D-i-o-s Indivisible?, o ¿Es IAHWEH, un Ser dual? ¿Hay dos D-i-o-s-e-s? y… ¿Uno de estos D-i-o-s-e-s, o sea, el IAHWEH Menor o [YAHSHÚA], está subordinado al IAHWEH Mayor o sea: El Padre? En otro caso, ¿Dónde queda entonces lo que dice IAHWEH? “Yo soy el primero, y Yo soy el último; aparte de mí no hay Elohim.”, y… “Yo IHVH; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria”. Y en otra parte dice del Hijo: "Que todos los malajim de Elohim le adoren a El." ¿El Padre y El Hijo, son la Misma Persona? La solución a este dilema tiene, desde el punto de vista del limitado entendimiento humano, dos propuestas: El Unitarismo, que es un henoteísmo monólatra, donde un D-i-o-s Menor, entre otros dioses, está subordinado a otro D-i-o-s Mayor, lo cual es en sí mismo una negación al Shema que afirma que solo hay un D-i-o-s, o El Unicismo (Modalismo o Monarquianismo) que atenta contra la lógica racional donde El Hijo y El Padre son el mismo. Por desgracia, ni el Unitarismo, ni el Modalismo Unitario escapan a la tentación de tergiversar la Escritura para salir victorioso en la disputa.

De una manera simplona, podemos concluir sin miedo a mentir, basándonos en la interpretación literal de la Escritura: que YAHSHÚA durante su ministerio público de Maestro, es decir de Rav, y Redentor, es decir Goel: Jamás se autoproclamó D-i-o-s, sino que antepuso en todo momento, en Poder y Autoridad, Al Padre, de quien YAHSHUA mismo se refirió como “mi Eloah” (D-i-o-s). Y por otra parte, la Escritura estipula de manera inobjetable que Él YAHSHÚA, es Señor (Adón), el rostro visible del D-i-o-s invisible, que todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y para Él, lo cual es demostración de su preexistencia y su mediación en la Creación; y de que en Él habita la Plenitud de la Deidad. Por lo que toca a la disputa entre la Unicidad, y el Unitarismo, solo podemos argumentar sin validar ni descalificar ninguna de las dos posturas que, teniendo sus respectivas incongruencias, incurren indefectiblemente en la manipulación o tergiversación escritural, o que resultan en una sinrazón para la lógica; lo cual no necesariamente las invalida, ni las hace mutuamente excluyentes; y en consecuencia son meras figuras esquemáticas que tratan de ejemplificar lo insondable de la Personalidad y la Naturaleza de ELI (mi Elohim), YAHWEH, y la entrañable relación de El Padre y El Hijo. “Mi Padre y Yo, Uno (Ejad) somos”

En otro orden de ideas, si preguntamos a un Judío Ortodoxo, este nos dirá que su D-i-o-s Único e Indivisible, no es el D-i-o-s cristiano, puesto que está escrito: “Shema Israel, YHVH Eloheinu YHVH ejad” esto es: Escucha Israel, YHVH nuestro Eloha, YHVH es uno. Deut. 6:4. Además, para ellos Mashiaj no ha venido aun, ni el Mashiaj que esperan es un ser divino, sino meramente humano, y por lo tanto ni preexistente, ni remotamente integrante de una trinidad de dioses, co-iguales y co-sustanciales y co-eternos, ni identifican al Mashiaj en la persona de YAHSHÚA, a quien llaman alevosamente YESÚ usando un acrónimo cuyo significado es: “Sea su nombre borrado”, con lo cual blasfeman El Nombre de nuestro Marán, y al mismo tiempo, la Palabra y El Nombre de IAHVEH. Las cosas cambian cuando hablamos con un Judío Mesiánico en lo relativo a las cualidades del Mashiaj “cristiano” y YAHSHÚA Ben Iosef, su ministerio salvífico, y su inminente retorno. Si bien, prevalece lo mismo entre Judíos Mesiánicos, como entre Israelitas Nazarenos; una corriente Midrashica (interpretativa), que cuestiona la Naturaleza divina de YAHSHÚA (aunque reconocen la preexistencia de Mashiaj) se aproxima un poco más a los conceptos cristianos relativos a la deidad: (IAHWEH), y las cualidades del Mashiaj. Digo esto, sin pretender tomar como necesariamente verdadero el modelo cristiano, ni anteponer a este, el modelo mesiánico-natzrat, prefiriendo en este punto reservarme mi personal punto de vista, a fin de no ser impositivo, sugerente, ni persuasivo.

Aunque abriendo un paréntesis, quiero comentar someramente mi afinidad con el pensamiento hebreo, y mi convicción en la necesidad de buscar en las raíces hebreas para un mejor conocimiento. Respecto del Mashiaj, yo sí creo que YAHSHÚA es Mashiaj, preexistente y Uno/Ejad con El Padre; pese a todas las similitudes que otros “redentores concebidos virginalmente, sacrificados y resucitados” como Tamuz, Osiris, Adonis, o Mitra, puedan pretender desvirtuar la legitimidad de YAHSHÚA como Redentor es decir, Goel nuestro. Puesto que ningún hombre ha alcanzado, ni habrá alguno que alcance, por sus propias obras: la salvación, sino es por los Méritos y la Dam/Sangre del Mashiaj. Razón por la cual YAHSHÚA para mí, es la Roca, el Autor y Consumador de la Emunah/fe; pese a la Lógica y a la razón humana para las cuales, la idea de un Ser como YAHSHÚA es inconcebible.

Ahora bien; si no podemos desentrañar por la razón y la lógica la Naturaleza Intrínseca de Un D-i-o-s Único e Indivisible, sin tener que hacer trampas para ello. ¿Cómo pues podríamos lograr la unidad de Ruáj? Primero: aceptando que (hablando en función de nuestras tendencias doctrinales) todos los que confesamos nuestra fe en IAHWEH, somos como veneros del mismo Río; que en el devenir del tiempo, y por las distancias generacionales y las artimañas de los falsos maestros (sin distinción de iglesia, sinagoga, o kehilah) cómplices y lacayos del Satán, fuimos discurriendo por cauces divergentes, pero que es imperativo que busquemos ese torrente original que es el Ruáj de IAHWEH. Segundo: reconociendo nuestra insuficiencia para llegar al conocimiento de IAHWEH por medio de la razón y la lógica humana; que no es siguiendo las tradiciones y enseñanzas de los hombres y las religiones hechas por el hombre, sino reconociendo nuestra total dependencia de D-i-o-s en todo, esto es lo que significa “humillarnos delante de Él”, poniendo en Él nuestra mirada, y dirigiendo hacia Él nuestros pasos; es decir: dejando atrás nuestra rebeldía pasada, y siguiendo El Camino, esto es: siguiendo a Mashiaj, su ejemplo y sus enseñanzas, y no al ejemplo y las enseñanzas de los hombres, ni confiando en nuestros propios pensamientos, pues “engañoso es el corazón, más que cualquier otra cosa,” y “no siendo sabios en nuestra opinión.” Para “cuidar de poner por obra” las palabras de esta Instrucción es decir: Torah (Josué 1:8-9); solamente así, llegamos a percibir el Ruáj HaKodesh, y podemos aspirar a tener discernimiento de la Verdad, pues está escrito que El (el Ruáj HaKodesh) nos guiará a toda verdad.

Entretanto IAHWEH se nos revela a Sí mismo cuando llegue el cumplimiento de los tiempos; podemos buscar la unidad en la fe, reconociendo en Él, sus cualidades o Sefirot de IAHWEH, es decir: su Unidad Indivisible, Eternidad, Ubicuidad, Sabiduría, Poder supremo sobre cualquier otro poder, Amor perfecto que comprende su misericordia, benignidad, y bondad; Plenitud que es perfección y suficiencia en todo. Justicia y Soberanía por cuanto es el Hacedor de todo lo que existe. Su Omnisciencia y Fidelidad a su Nombre y su Palabra. Por lo que tenemos la certeza -que es la esencia de la Emunah es decir fe- que: si Él ha dicho; Él hará. Por eso, cuando atendemos a sus cualidades, y estando de acuerdo en ellas, podemos estar seguros que Él, es IAHWEH, y no hay otro.

Al igual que sucede con la Naturaleza de IAHWEH, podemos, por ignorancia o necedad, tener nuestras discrepancias por lo que hace a cómo invocarle; me refiero a si llamarle IAHWEH, Adonai, HaShem, Elohim o D-i-o-s, Padre, Eterno, J-e-h-o-v-á, S-e-ñ-o-r; siendo prudentes en corregir cualquier error adquirido en nuestra desorientación, en la medida que vamos aumentando en conocimiento de la verdad, y acatando esta por libre decisión, y no por imposición. Podemos llamarlo sencillamente Abba es decir: Padre, y si no somos cómplices del mentiroso, mintiendo, sabremos a Cuál Padre estamos invocando, teniendo paz para con todos y unidad de ruáj entre hermanos. Por lo que se refiere a la forma de alabarle, pienso que hay libertad para que cada cual decida si es bueno levantar las manos, aplaudir, lanzar gritos de júbilo, postrarse rostro al piso, o ser más sobrios, expresando su adoración, conforme cada cual sienta en su corazón; entretanto que no sea para el gozo de la carne, para ser visto de los demás, o por hipocresía, sino en sinceridad de ruáj.

De todo lo anterior se puede concluir que contrario a nuestros mejores deseos y a consecuencia de nuestra reprochable ignorancia, no todos adoramos al mismo D-i-o-s Único, Indivisible, y Verdadero que es el Eloah de nuestro Adón YAHSHÚA y de Israel. Razón por la cual es urgente menester, hacer ajustes a nuestras similitudes y diferencias, para podernos unir en Unidad de RUÁJ con el ELOHIM de nuestro MARÁN YAHSHÚA HaMashiaj, y no caer en la trampa de estimular un Ecumenismo Sincrético “sincero y de muy buena voluntad”, pero engendrado en el engaño, y solapado en la confusión. No podemos sentarnos a esperar por la respuesta a nuestras oraciones por la unidad del pueblo de D-i-o-s, entretanto, no ajustemos las cuentas, y desechemos primero, toda forma de paganismo sincrético que es abominación a IAHWEH. Por supuesto que esto será alcanzado, cuando IAHWEH haya derramado su Ruáj HaKodesh, sobre los que Él ha sellado, y que solo Él conoce, pues no será con estrategia humana, ni con fuerza ni con espada, sino por Su Poder y Misericordia.

Mientras llega la revelación de IAHWEH, nosotros solamente podemos aspirar a agruparnos conforme a nuestras afinidades doctrinales, conforme lo que el discernimiento nos indique, o el corazón nos impulse. Aprendiendo a respetar la libertad de creencia y decisión a que cada uno tiene derecho, mientras que: en contraposición, no podemos cejar en nuestro empeño por escudriñar en la búsqueda de la Verdad, ni en nuestra responsabilidad de dar a conocer lo que sabemos. Renunciando al mismo tiempo a establecer hegemonías de un grupo sobre los demás, o a imponer nuestra razón e interpretación a otros. Intercediendo en paz y de buen corazón cada uno por los demás, y por sí mismo, para que hallemos gracia en su Presencia, y IAHWEH tenga misericordia de todos y hallemos pastos y reposo.

Emén

SHALOM ALEIJEM

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